Rema. y queridísima Madre Ilaria, querida Madre Myriam, Madres Consejeras, Madre Luisella y queridas Hermanas…

“Que la paz de Cristo reine en nuestros corazones; que la palabra de Cristo habite entre vosotros en su riqueza».

Con esta frase de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses, nos presentamos ante vosotros para expresaros nuestro querido y afectuoso agradecimiento. Al renovar nuestros santos votos ante el altar somos más conscientes de que Él se preocupa por nosotros y nos ama mucho, a pesar de nuestras debilidades. Por amor a él, estamos aquí ante ustedes con todas nuestras sonrisas y con toda la alegría de nuestros corazones, porque hoy hemos renovado el Sí ante nuestro primer Amor que es Jesús.

Hemos orado ante Jesús, especialmente en este día tan especial para nosotros, y somos verdaderamente fieles a nuestro llamado, que a pesar de nuestras debilidades, Él nos sostiene aún más, aún más fuertes en Sus brazos abiertos.

A pesar de esta pandemia, nunca nos ha hecho faltar nada. De hecho, nos ha fortalecido más para combatir el virus a través de la oración.

Por intercesión de la Santísima Virgen María y de San José – Su Esposo, somos guardados de todo mal, junto con la protección de las amadas Madres, Madre Elisa y Madre Teresa, de nuestra Emo. Padre y de nuestras hermanas difuntas que allá arriba acompañan siempre nuestros pasos en el camino de la santidad.

Llenos de gratitud elevamos nuestro corazón al cielo, para agradecer a cada uno de ellos.

A nuestra queridísima Madre Ilaria, le agradecemos mucho su presencia entre nosotros, las preciosas palabras que nos inculcó, la sonrisa que nos mostró y sobre todo los ejemplos que nos dio y enseñó. ¡GRACIAS MADRE!

A nuestra querida Madre Myriam, quien a pesar de su ausencia física, sabemos que ha orado por nosotros en este día tan especial.

A nuestras Madres Consejeras, gracias por su apoyo amoroso hacia nosotros, quienes en silencio nos apoyaron con sus oraciones.

A nuestra querida Madre Luisella, le agradecemos mucho su presencia maternal entre nosotros, su apoyo material y espiritual, para el bien de nuestra comunidad, y gracias también por mantenernos unidos y firmes en esta familia religiosa.

A nuestra querida Hermana Venerina, gracias por estos días de nuestra preparación porque nos hizo reflexionar sobre la preciosidad de nuestro llamado y nos hizo comprender el valor de nuestra familia religiosa, ¡ay de ti si olvidamos todo esto! De nuevo, ¡gracias a ti!

Con tanta gratitud nuestro pensamiento va a nuestros padres y familiares, quienes nos amaron y nos entregaron al Señor. Siempre recordamos sus sacrificios y apoyo espiritual, no seríamos como ahora sin su ayuda espiritual. Que el Señor les recompense por todo lo que han hecho y enseñado.

En nuestro camino nunca podemos olvidar a nuestros queridos formadores, agradeciéndoles sus oraciones, especialmente en este día, por sus preciosas enseñanzas que todavía están vivas en lo más profundo de nuestros corazones.

A ustedes, queridas hermanas, desde la mayor hasta la más joven, gracias por su sincera ayuda, porque sin ustedes, este día no es tan hermoso, maravilloso, magnífico e inolvidable. Eres nuestra mano derecha, para seguir adelante en este camino.

Muchas gracias queridas hermanas, especialmente a las que trabajan en las diversas oficinas, no enumeramos todo porque nuestra carta ya es muy larga…. Sabemos que habéis colaborado y trabajado de corazón, el Señor ve y Él se encargará de todo.

Que sus sacrificios sean recompensados ​​con muchas bendiciones del Señor.

Una vez más, muchas gracias… ¡a todos ustedes!

¡Gracias de corazon!

Los renovadores.

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