Celebración del 1 de junio – Clausura de la Fase Diocesana de la Causa de Canonización del Siervo de Dios Cardenal Gilberto Agustoni
y Aniversarios de Profesión Religiosa de nuestras Hermanas
Con profunda gratitud y emoción, el 1 de junio nos reunimos en torno al altar para vivir una doble celebración llena de significado espiritual: la Santa Misa de clausura de la Fase Diocesana de la Causa de Canonización del Siervo de Dios Cardenal Gilberto Agustoni, y, juntas, la celebración de los Aniversarios de Profesión Religiosa de algunas de nuestras queridas Hermanas.
En este día de gracia, nuestra oración se eleva en gratitud a Dios por el don de la vida y del ministerio del Cardenal Agustoni. Hombre de Iglesia, devoto hijo de Suiza, dedicó su vida al servicio del Evangelio con inteligencia, humildad y profunda fidelidad a la Santa Sede. Como juez, educador, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y luego Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, ejerció la justicia con espíritu de caridad y tuteló la verdad a la luz de la misericordia.
Pero más allá de sus funciones, el Siervo de Dios Gilberto Agustoni fue sobre todo un hombre de Dios: un sacerdote enamorado de Cristo, un servidor fiel de la Iglesia, un pastor atento y disponible, un hombre de oración profunda y silenciosa. Para muchos religiosos y religiosas fue guía y hermano, maestro y amigo. Para nuestra familia religiosa, fue un punto de referencia, un corazón abierto a la escucha y un alma luminosa de esperanza.
El 1 de junio, al concluir la fase diocesana de su Causa de Canonización, devolvemos a la Iglesia universal el fruto de su trabajo minucioso, de los testimonios recogidos, de las gracias recibidas. Este paso no es un final, sino una nueva etapa: seguimos caminando con la esperanza de que un día el Siervo de Dios sea elevado al honor de los altares, para edificación del pueblo cristiano.
En este mismo día, alabamos a Dios por nuestras Hermanas que están celebrando sus Aniversarios de Profesión Religiosa. En ellos vemos el reflejo de una vida entregada, de un amor fiel, de un sí renovado día tras día. Su consagración es una respuesta a la llamada del Señor, es una semilla que sigue dando fruto, es un testimonio que nos impulsa a vivir nuestra vocación con radicalidad y alegría.
Comparando estas dos realidades – la vida ejemplar del Cardenal Agustoni y la fidelidad de nuestras Hermanas – descubrimos el hilo de oro que las une: la fidelidad al amor de Dios, vivido en la Iglesia, para el bien del mundo.
Que esta celebración nos renueve en el celo, nos confirme en la esperanza y nos anime a ser, como ellos, humildes instrumentos de la gracia y de la misericordia divina.
Siervo de Dios Gilberto Agustoni, ¡intercede por nosotros!
María, Madre de la Iglesia y Reina de los consagrados, ¡acompáñanos siempre!